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La historia del joven al que Claudia López le pidió perdón

«Cada vez que mi hijo se va y participa de una protesta social me deja sin el palo de la escoba y la bandera de la casa”. Sonriendo, la madre de Óscar Yesid Galindo Roberto cuenta cuál es la historia de su familia, la del joven que llegó a ser reseñado por la Administración Distrital de haber participado en actos vandálicos contra una entidad financiera en el centro de Bogotá.

Bajo el sol, la lluvia o soportando el viento Nelsy Roberto Anzola, de 44 años, espera todos los días la llegada de los clientes para que le compren una arepa o un chorizo en un puesto informal en el sector de El Tintal.

Es madre cabeza de familia de tres hijos y una de las damnificadas de la pandemia. Antes de la crisis era chef de un centro de eventos reconocido, pero se quedó sin trabajo y fueron sus hijos Karhol, de 23; Óscar, de 20, y Zharick, de 13, los que la animaron a no desfallecer y salir a las calles a luchar.

Todos los meses debe reunir lo suficiente para pagar 580.000 pesos de arriendo más servicios. Entonces se levanta a las 4 de la mañana, se toma un tinto y aprovisiona su carrito hasta llegar a su punto de ventas. Trabaja hasta las 8 de la noche en dos turnos. “Hay que ser muy juiciosos porque tener estabilidad económica es lo más difícil”.
Dice que su relación con la policía ha sido buena porque sus clientes no causan aglomeraciones y ella respeta todas las reglas de salubridad. Óscar siempre la acompaña. Su carisma atrae a los clientes.

Eso sí, que no cuenten con él cuando hay marchas sociales porque le quita el palo a la escoba, lo viste con la tricolor y se pone una máscara que pintó con una bandera de Colombia y lágrimas de sangre.

Óscar siempre ha tenido la convicción de que los jóvenes deben levantar la voz cuando hay injusticias. Lee mucho y lo afectan las noticias de masacres o abuso de la autoridad, como la muerte de Dilan Cruz o la de Javier Ordóñez.

Y es que él y su familia viven en carne propia la carencia de oportunidades. Su hermana está a punto de terminar psicología y trabaja al mismo tiempo; quedará debiendo la mitad de un préstamo durante años. Óscar terminó su bachillerato en el colegio Antonio García, pero ante la imposibilidad de conseguir un trabajo fijo no ha podido entrar a la universidad ni pedir un crédito. Su única opción, por ahora, es ayudarle a su mamá vendiendo arepas porque cada vez que golpea una puerta le piden libreta militar o estudios universitarios. Para un joven de su edad es casi imposible conseguir un empleo con las prestaciones sociales de ley.

Óscar quiere estudiar en la Academia Superior de Artes (Asab) de la Universidad Distrital. Por eso se prepara con tutoriales en internet, porque dice que no se puede dar el lujo de perder la plata del pin.

Es un joven alegre que se ha ganado el cariño del barrio. “Entonces qué rasta, cómo va todo”, así lo saludan de ida y de vuelta cuando lo ven en el puesto de arepas con su mamá. Y aunque no tiene ni celular ni redes sociales, le gusta debatir cuando la ocasión se lo permite.

Y es por toda esa lucha diaria para hacer las cosas bien en medio de la pobreza que a esta familia le dio tan duro enterarse de que al joven lo había apresado la policía, supuestamente, por participar en los desmanes contra un banco el pasado 21 de septiembre. “Cuando mi hija me mostró el video que le mandaron fue desgarrador, lo estaban capturando. Me pasó todo por la cabeza, los maltratos, los golpes, los accidentes, todo. Mi hijita pequeña lo vio y se atacó a llorar”.

Cuando mi hija me mostró el video que le mandaron fue desgarrador, lo estaban capturando. Me pasó todo por la cabeza, los maltratos, los golpes, los accidentes, todo

 

Karhol comezó a buscarlo en cada CAI de la zona. “Me fui hasta la Policía Metropolitana de Bogotá a la 6.ª con 30. Después de muchas negativas me dijeron que estaba en el Centro de Traslado por Protección (CTP) de Puente Aranda. Eso lo supe gracias a una persona de Derechos Humanos”.

Cuando por fin lo pudo ver lo abrazó y respiró profundo. No había sufrido ningún tipo de maltrato.

Contó que la captura se dio durante las protestas que se llevaban a cabo en la carrera 7.ª con 2.ª, justo al frente del Banco Caja Social, muy cerca de la plaza de Bolívar. “Yo estaba moviendo mi bandera como a ocho metros del banco. Lo demuestra el video. De un momento comenzaron los disturbios y luego el Esmad a tratar de recuperar la zona. Con gases y bombas aturdidoras despejaron todo”, contó.

Pero luego, cuando intentó sumarse a otra protesta cercana, llegaron muchos policías y ahí fue cuando se lo llevaron.
Lo detuvieron por portar una máscara que tapaba su rostro sin ninguna prueba que lo incriminara.

Todo eso lo grabaron y el video se hizo viral en redes sociales. “Cuando me enteré de todo eso me dio mucha rabia, y más cuando la alcaldesa Claudia López comenzó a trinar cosas de mí que no eran verdad. Dijo que unos congresistas estaban interviniendo en el proceso de detención de un vándalo que había arremetido contra el Banco Caja Social”, contó Óscar.

Él se sostiene en que sus únicas armas para la protesta son su bandera y su teatral máscara. Y por eso comenzaron a pedirles todos los videos a los medios. Así demostraron su inocencia.

Cuando me enteré de todo eso me dio mucha rabia, y más cuando la alcaldesa Claudia López comenzó a trinar cosas de mí que no eran verdad

 

Luego vino lo más esperado por Nelsy. Un funcionario de la Alcaldía Mayor de Bogotá los llamó. Claudia López se quería disculpar con el joven por lo sucedido. En el material revisado no estaba el joven. “Nosotros aceptamos, pero queríamos que las disculpas fueran públicas”. Y no era para menos. Esta familia recibió toda clase de improperios a través de las redes sociales: “Claro, con esa pinta de ñero”, “eso le pasa por malcriarlo”, “que pague por todos los destrozos” fueron algunos de los menos ofensivos.

Minutos antes del encuentro a Óscar le sudaban las manos de los nervios, decía que no sabía qué iba decir, pero cuando ya le tocó lo hizo con gallardía. “Yo solo quería decirle a los jóvenes que hasta limpiar el nombre de uno se puede hacer en paz. No se trata de callarnos, sino de protestar sin hacerle daño a los demás”.

 

Luego del perdón afectuoso de la alcaldesa, muchos jóvenes se acercaron a felicitar a Óscar por representarlos como un ciudadano de paz.

Y es que él no es de galladas ni grupos. Cuando sale a marchar lo hace solo con su bandera en su palo de escoba. Eso sí, seguro de todas sus convicciones. “Tienen que dejar de estigmatizarnos por cómo nos vestimos o nos peinamos. Somos jóvenes y muchos solo queremos la paz».

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