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Demoler el Mónaco: ¿Para re-dignificar a las víctimas o para borrar el pasado mafioso?

La publicitada demolición del edificio Mónaco deja hasta ahora más inquietudes que certezas. Aun así, podría ser la oportunidad de abrir un proceso serio de ciudad que involucre a todas las víctimas y que resignifique otros lugares símbolos de violencia, como La Escombrera o Montecasino.

Pasado el calor mediático del anuncio hecho por el Alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, de demoler el edifico Mónaco, otrora lugar de residencia del fallecido narcotraficante Pablo Escobar Gaviria y su familia, es pertinente reflexionar sobre algunas inquietudes que genera esta decisión y que con el tiempo deberían ser resueltas.

Una parte del argumento expuesto por Gutiérrez para llevar a cabo la demolición es la dignidad de las víctimas y la intención de darles un lugar destacado en la sociedad. Pero, ¿demoler es la mejor opción o es una medida para borrar un pasado que abruma a la ciudad? ¿Cómo participarán las víctimas en este proceso? ¿Qué otras acciones de re-dignificación y reparación se llevarán a cabo? Y, si es cierto que para la Alcaldía de Medellín las víctimas merecen una atención integral y prioritaria, ¿por qué se paralizó el proceso de búsqueda de las personas desaparecidas en La Escombrera?

Para examinar posibles respuestas consultamos diferentes opiniones. Los entrevistados pusieron al centro los derechos de las víctimas y la importancia de la memoria, e hicieron propuestas sobre las acciones que podría emprender Medellín para reparar y visibilizar a quienes fueron victimizados por el narcotráfico; una realidad innegable y aún vigente en la ciudad.

De hecho, el otro aspecto a considerar en este caso es la “cultura” del narco turismo que atrae diariamente a cientos de extranjeros interesados en figuras como Escobar. ¿Basta con demoler Mónaco para resolver esa problemática? O ¿Habría que demoler más sitios que también son visitados en esas “rutas turísticas”, como las ruinas de la cárcel La Catedral, el edificio Dallas o la Virgen de la Rosa Mística, entre otros?

La memoria, el olvido y el discurso del alcalde

El pasado 4 de abril, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez; el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas; y el ministro de Justicia, Enrique Gil Botero; tumbaron con almádana una pequeña losa de hormigón de una de las jardineras del Edificio Mónaco, ubicado en el exclusivo sector de El Poblado, suroriente de la ciudad.

De esta manera simbólica, Gutiérrez dio inicio a su propuesta de demoler la edificación para construir un parque en honor a las víctimas. En su discurso, el mandatario manifestó que “es labor de todos los colombianos poner a las víctimas en su lugar y a los victimarios en el suyo. Entendiendo que los héroes y las leyendas son quienes combatieron al narcotráfico y quienes lo siguen combatiendo, y no quienes eran los victimarios”.

Pero lo que ha pasado en la ciudad, declaró el Alcalde, es que “en muchas ocasiones han estado por encima los victimarios y no las víctimas”; cuando miles de personas: policías, soldados, jueces, ciudadanos del común, periodistas, entre otros, “perdieron la vida en esa lucha ética en contra del narcoterrorismo”.

Gonzalo Rojas Peña, víctima de la violencia desatada por Escobar y director de la Fundación Colombia con Memoria, dice entender la intención de la Alcaldía de demoler el edificio, debido a los gastos que genera y a lo que simbólicamente representa, pero siente temor de que el proceso pueda terminar en una estrategia deliberada para borrar el pasado:

“Yo pienso que lo que se debe hacer es un ejercicio de construcción de memoria en el sentido de no querer acabar con todas las cosas y decir que Pablo Escobar prácticamente no existió, es como querer tapar el sol con un dedo, querer tapar una realidad fuerte y trascendental en la historia de este país”.

Rojas es hijo del ingeniero mecánico Gonzalo Hernán Rojas Castro, uno de los 107 pasajeros que murieron en el avión de Avianca HK-1803, el 27 de noviembre de 1989, cuando la aeronave explotó en el aire mientras cubría la ruta Bogotá – Cali, tras la detonación una bomba puesta por hombres al servicio de Escobar.

Desde su punto de vista, para Rojas lo más importante sería iniciar un proceso de memoria en el que participen las víctimas y en el que se pueda concientizar a las nuevas generaciones sobre lo que ha pasado en la ciudad.

De hecho, Mauricio Builes, asesor de comunicaciones del Museo de Memoria Histórica de Colombia, piensa que en el país hay una gran deuda con las víctimas del narcotráfico tanto del cartel de Medellín, al cual pertenecía Escobar, como del cartel de Cali. “Ellas nunca han sido reconocidas, y creo que una primera tarea, que no se ha hecho y que se debe hacer, es saber quiénes son y qué les ha pasado”.

Builes opina que tanto los medios de comunicación como la sociedad han guardado un gran silencio frente a lo que ocurrió en las décadas de los ochenta y los noventa. Esto “ha invisibilizado no solo el relato de los familiares de las víctimas, sino también el dolor y los testimonios de supervivencia. Y solo hasta ahora, que a Medellín están llegando una cantidad de personas para conocer la historia de Pablo Escobar, es que desde la Alcaldía se propone a hacer algo. Es tarde, sí, pero creo que se pude comenzar».

La dignidad de todas las víctimas

La apuesta de Gutiérrez por re-dignificar los derechos de las víctimas debería ser más amplia e incluyente, es decir, lo que resulta paradójico para algunos analistas, es que el mandatario le de tanta centralidad a este aspecto en su discurso, cuando su administración le ha puesto freno al proceso de La Escombrera, Comuna 13 en el occidente de Medellín, donde se presume habría un centenar de personas que fueron asesinadas y enterradas por actores del conflicto.

Eso piensa Luz Patricia Correa, exdirectora de la Unidad Municipal de Víctimas, quien afirma que esta Alcaldía ha debilitado el Programa Municipal de Atención a las Víctimas, y manifiesta que no se explica por qué no continuó el plan de excavación y búsqueda que inició la administración anterior en dos polígonos definidos por la Fiscalía en La Escombrera.

Aunque la intervención no halló restos humanos, el compromiso con las víctimas fue darle continuidad al proceso. “El presupuesto quedó asignado desde la administración anterior, quedaron los recursos para seguir con el polígono tres, haciendo los ajustes de los errores y de las dificultades que había tenido el tema anteriormente. ¿Por qué no se continuó? La verdad nunca entendí la razón. Al tema le falta agendamiento en la administración, no quedó en el plan de desarrollo y no se ha hecho un esfuerzo suficiente por continuar con una promesa que en campaña se les hizo a las víctimas y a la ciudadanía en general”, expresa Luz Patricia.

La exfuncionaria va más allá, supone que para Gutiérrez la búsqueda de desaparecidos en ese sitio “no es un tema tan mediático como el tema de Mónaco”, entre otras razones porque La Escombrera “es un lugar importante para las víctimas y para las organizaciones de derechos humanos pero en ciertos sectores no es visible”.

Adriana Arboleda, abogada de la Corporación Jurídica Libertad, organización que acompaña a víctimas de desaparición forzada, coincide en que “ni las víctimas ni el tema de los derechos humanos han sido el centro de esta Alcaldía”. Y pregunta “si la Administración ha llamado a las víctimas del narcotráfico, e incluso a otras víctimas, a discutir qué quisieran que representara ese lugar donde hoy está el edificio Mónaco”.

Para Arboleda, la dignidad de las víctimas implica que haya un ejercicio de memoria que sea participativo y que indague por el significado de los lugares, “no solo como figura de un tipo como Pablo Escobar, sino de una ciudad que realmente se ha prestado para la ilegalidad de tiempo atrás y que ha permitido que aquí se vulneren todo tipo de derechos, porque se privilegian los intereses de unos cuantos capos o empresarios que están detrás de todas estas empresas criminales”.

Y un ejemplo de esto, explica la defensora de derechos humanos, es que el Alcalde habla del edificio Mónaco, pero “no se refiera a Montecasino, que está al lado, y que también representa un lugar siniestro de lo que ha sido la estrategia paramilitar y contrainsurgente en este país, y concretamente en esta ciudad”.

Este tipo de críticas llevan a concluir que la re-dignificación y la reparación a las víctimas en Medellín requieren una visión política más amplia, que incluya a las víctimas de todos los actores armados que han vulnerado los derechos humanos.

De hecho, una de las aristas más recientes en esta polémica sobre la dignidad y la reparación de las víctimas, está relacionada con la represa Hidroituango, desarrollada por EPM, la empresa de servicios públicos de la ciudad, en el norte de Antioquia. Ante las denuncias del movimiento Ríos Vivos de que en los terrenos a inundar existen fosas con personas que fueron asesinadas por los actores armados, un grupo de 25 diputados del Parlamento Europeo envío una carta al Estado colombiano solicitando suspender el llenado de la represa hasta garantizar la exhumación de cuerpos. Lo que respondió ante los medios el Alcalde Gutiérrez es que las obras no se suspenden.

Simbología, narco-tour y deterioro, razones para la demolición

Más allá de ser un edificio, el Mónaco “es definitivamente un símbolo; y no solo de una persona sino de una época oscura, de miedo, de dolor, y representa todo lo que no queremos para nuestra sociedad. Y todos los símbolos de la ilegalidad tienen que caer como va a caer este edificio”. De esa forma lo expresó el Alcalde en su discurso del 4 de abril.

La lucha del mandatario contra esa imagen de ciudad mafiosa viene de tiempo atrás y tiene parte de sus raíces en las ofertas turísticas que tienen distintas agencias y páginas de Internet en torno a la figura de Escobar. Las experiencias ofrecen “conocer la verdadera historia del capo más grande del mundo”, así como los sitios representativos de su vida.

De hecho en noviembre de 2016 el mandatario local repudió un paquete de este tipo ofrecido por una agencia de viajes panameña y, en marzo de este año, recriminó la actitud del rapero estadounidense Wiz Khalifa que asistió a un recorrido del narco-tour.

El problema de la “narco cultura” construida en torno a la imagen de Escobar, ha sido definido por el proyecto Narco Tour Lado B de la siguiente manera:

“Después de muerto, Pablo Escobar ocupa tantos titulares como en vida. La obsesión por el jefe del Cartel de Medellín es extensiva: los políticos hacen campaña con su nombre, empresarios del turismo y la televisión hacen negocios con su legado y sus matones reclaman como propias las proezas criminales del capo. Pero pocas veces escuchamos a sus víctimas. Nadie les pregunta qué pasó con sus vidas”.

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